jueves, 9 de febrero de 2012

Fauna tangerina


(Pulsar el botón play del vídeo que viene a continuación antes de comenzar a leer la entrada de hoy)

Hasta ahora os he hablado de varios animales y de su situación, o mejor dicho de su imagen, dentro del mundo islámico en general, hoy quiero acercaros una especie muy muy peculiar y muy común en la ciudad de Tánger. No llega a ser exactamente un ave, aunque en ocasiones vuela como ellas, no es un gato, aunque muchas veces resultan igual de escurridizas, y tampoco es un perro, aunque la mayoría de las ocasiones van sujetas de la mano de sus dueños.

Os pongo un poco en situación y os describo brevemente el hábitat natural del animal protagonista de la entrada de hoy. Concretamente aquí en Tánger, aunque soy consciente de que esta especie se da en muchas otras ciudades, se dan unas condiciones óptimas para la proliferación de la especie en cuestión, por varios factores muy importantes, a saber: las condiciones climatológicas, la velocidad de los vientos y la idiosincrasia marroquí.

Las condiciones climatológicas son óptimas en el sentido de que en Tánger por su clima mediterráneo, la suavidad de sus temperaturas y sus niveles de humedad, por su proximidad al mar, hacen que sea un hábitat excepcional para poder divisar en muchas ocasiones a nuestro protagonista de hoy, que necesita de un clima suave y despejado para poder alcanzar el esplendor de su existencia.

En cuanto a la velocidad de los vientos, como os podéis imaginar pues sólo está a escasos 14 kilómetros de Tarifa, capital del surf en España por excelencia, Tánger es una ciudad azotada por los vientos, tanto de poniente como de levante, lo cual favorece el despegue del vuelo de esta especie tan típicamente tangerina, aunque no exclusiva como os comenté antes. En los días en los que el viento sopla con fuerza en Tánger pueden llegar a verse montones de individuos de esta especie sobrevolando los cielos de la ciudad.
Al igual que en Tarifa, en Tánger el viento sopla con muchísma fuerza.

Por lo que respecta a la idiosincrasia marroquí, pues probablemente sea el elemento más importante para la existencia de esta especie, a la que hoy me gustaría acercaros. Y es que por lo general los marroquíes suelen ser un tanto descuidados con respecto a la gestión de sus residuos, dicho de otra manera, no suelen necesitar una papelera o un contenedor cercano para deshacerse de sus basuras, cualquier rincón o mismamente el medio de la calle no es un mal sitio para deshacerse de aquello que ya no necesitan, sea del tipo que sea: papel, plástico, envases, cristal…
El "pájaro bolsa", nuestro protagonista de hoy

Este es el panorama en el que nos encontramos a nuestro protagonista de hoy, con todos vosotros….”el pájaro bolsa” , y es que esta mañana cuando he salido a la calle temprano a hacer algunos recados soplaba el viento con bastante fuerza y he podido divisar desde la plaza de los cañones a varios de elementos de esta fauna tangerina, tan abundante como poco salubre.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!

miércoles, 8 de febrero de 2012

Rememorando viejos tiempos


Como os comentaba en la entrada de ayer, hoy han llegado los primeros voluntarios de este año al Hogar Padre Lerchundi, son un grupo de jóvenes adolescentes que en mitad de su ajetreado, a la par que agobiadísimo, curso escolar han sacado unos días para, acompañados como no puede ser de otra manera por unos responsables de su centro educativo, venir hasta esta ciudad a conocer una realidad diferente a la que ellos viven en sus casas, allá al otro lado de al qantara.

Al verlos he recordado como fueron mis primeros momentos aquí en Tánger, suele pasarme con frecuencia que cuando vienen los grupos y empiezan a descubrir lo que aquí se vive acuden rápidamente a mi memoria recuerdos de la primera vez que yo vine, las sensaciones que tuve entonces y algunos recuerdos, como el que hoy ha vuelto a venir a mi memoria y que me gustaría compartir con todos vosotros.
Este es el grupo con el que tuve la suerte de compartir mi primera experiencia en Tánger.

Corría el mes de abril del año 1998 cuando aparecí por aquí por primera vez en mi vida, venía acompañado de un grupo de compañeros de clase y de colegio, bajo la supervisión de un sacerdote y varios profesores del centro, la verdad es que veníamos como auténticos conejillos de indias, pues era la primera vez que venía una experiencia de este tipo, de un colegio, desde que se había abierto el Hogar Lerchundi, en el año 1995. No sabíamos muy bien a lo que veníamos ni siquiera lo que nos íbamos a encontrar en aquella ciudad, de la que yo personalmente poco sabía antes de oír su nombre y aceptar la propuesta que me hicieron de venir a vivir una experiencia misionera cristiana en una ciudad de un país islámico muy próximo al nuestro.

Recuerdo con especial cariño muchos de los detalles y anécdotas que viví aquellos días, son muchos los recuerdos que me vienen ahora a la cabeza, podría estar escribiendo horas y horas sobre aquellos días, pues como digo hoy han vuelto a venir a mi memoria aquellos primeros instantes, la situación en la que estaba entonces la ciudad, el Hogar y el resto de las casas, a las que ahora siguen yendo los grupos de voluntarios, poco tienen que ver con el estado actual, como muchas otras cosas han sufrido un cambio espectacular, se han ido adaptando a nuevas realidades y necesidades que han ido surgiendo con el paso de los años.
Una de las cosas que recuerdo fue la visita a las casas de los chicos que estaban en la carpintería.

Sí que me gustaría compartir con vosotros una de las primeras sensaciones que tuve aquellos días, concretamente el primer día. Recuerdo que llegué a la casa que los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca tienen en Tánger, donde atienden a chicos que padecen deficiencias físicas y psíquicas. Me viene ahora a la nariz el olor tan “sorprendente” que me golpeó aquella mañana y que me hizo dar unos cuantos pasos hacia atrás cuando abrieron la puerta y descubrieron el “pastel” que allí había, recuerdo que di varios pasos hacia atrás hasta que la mano de quien venía con nosotros de responsables en aquella experiencia me sujetó y me empujó hacia delante, recordándome que yo había venido a Tánger a vivir una experiencia y que por muy desagradable que pudiera resultarme aquel panorama a esas horas de la mañana, era lo que debía hacer y punto.

Recuerdo haber pasado mucho miedo en aquellos primeros momentos, me sentía atemorizado ante aquellos chavales y además me sentía impotente porque no terminaba de entender qué pintaba yo allí exactamente, al final, justo cuando ya terminaba la semana encontré la respuesta a mis dudas y la calma a mis miedos, la respuesta fue un gesto de cariño de uno de aquellos niños que días antes me habían hecho sentir un pánico tremendo, se acercó a mí cuando estaba haciendo las tareas diarias del sitio y sin esperármelo me miró a los ojos, me dio un beso en la mejilla y me sonrió, tan pronto como hizo eso mis ojos se convirtieron en un mar de lágrimas, había comprendido cuál era mi cometido, por qué estaba allí.
No olvidaré aquellos primeros días en Tánger y, especialmente, a Tahiri.

Como os decía ayer es una alegría tener la casa llena de gente, de jóvenes con los que compartir esta tarea y esta experiencia que estoy viviendo aquí en el Hogar Lerchundi, además la llegada de gente que viene por primera vez a la ciudad me ha servido para acordarme de mi primera vez, aquella que fue la semilla de toda esta aventura en la que a día de hoy estoy embarcado.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED MUY FELICES!!

lunes, 6 de febrero de 2012

Ya vienen!!!


Hola a todos, perdón por la inconstancia de estos días pero es que andamos con algún que otro jaleillo por casa y no encuentro el momento de sentarme delante del ordenador a poner al día el blog, o cuando encuentro el momento ya estoy demasiado cansado como para sentarme y dejar que las ideas fluyan frente a la pantalla del ordenador.

Hoy concretamente hemos tenido fiesta en el centro de Día, se celebra estos días en todo el mundo musulmán la festividad del Aid Mouloud, concretamente el día en el que nació El Profeta, Mahoma. Los colegios estos días, como ya os comenté, están de vacaciones por la finalización del primer cuatrimestre en la escuela, y esa circunstancia unida a la celebración religiosa que os comento, que no todo el mundo ha celebrado por otra parte, han hecho que hoy los niños y los trabajadores del centro hayan tenido día libre, de vez en cuando viene bien tener unos cuantos días en los que desconectar del trabajo y del ritmo diario.

Pero por otra parte eso no ha hecho que los que formamos la comunidad del Hogar hayamos tenido el día libre, al contrario, hoy ha sido uno de los días en los que más trabajo hemos tenido en las últimas semanas. Y es que hoy hemos empleado el día en preparar la casa para recibir a uno de los elementos más importantes del proyecto, uno de los pilares básico del proyecto del Hogar Lerchundi, los voluntarios.

Hemos estado preparando todas las instalaciones del Hogar para que todo esté a punto para recibir a partir de mañana a los grupos de voluntarios que, como yo he hecho tantísimas veces, vienen a pasar unos días para conocer otras realidades, situaciones cercanas al tercer mundo en las que conocer cómo viven y cómo son aquellos que no han tenido la suerte de nacer en otro lugar en el que por el simple hecho de haber nacido allí uno tiene unos derechos que aquí, por desgracia, no son universales para todo el mundo.

A partir de mañana empiezan a venir grupos de chavales a vivir y conocer cómo es la vida en un lugar tan cercano geográficamente y tan alejado en todos los otros sentidos: religioso, cultural, económico, político… En realidad este año vuelven a venir grupos, y, tanto para mí que estoy ahora aquí como para los miembros de la comunidad del Hogar que llevan aquí más tiempo, es una alegría enorme después de lo desolado que estuvo el Hogar el año pasado a raíz de todos los problemas que surgieron con el tema de la primavera árabe, concretamente el año pasado iba a ser uno de los años en los que más grupos de voluntarios pasaran por el Hogar, pero primero por el conflicto del Sahara y luego con el tema de las revueltas surgidas a raíz de las manifestaciones del 20 de febrero, la situación revirtió en uno de los años en los que menos gente pasó por el Hogar.
Será una alegría inmensa volver a ver este salón lleno de gente.

Serán días en los que habrá más alboroto en casa, pues seremos muchísimos más viviendo bajo el mismo techo y formando parte de la misma comunidad, pero no os hacéis a la idea de lo agradable que es ese alboroto, de la vida y la alegría que los grupos de voluntarios traen al Hogar, cambiará el ritmo pero también cambiará la alegría con la que seguir viviendo esta experiencia.

Intentaré compartir con vosotros las sensaciones que las visitas de los grupos van haciendo surgir en mí, espero que sean todos un soplo de alegría y aire fresco para esta experiencia que estoy llevando a cabo, y que desde mi posición consiga hacerles llegar un poquito de lo importante y valiosa que ha sido y está siendo esta experiencia para mí.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED MUY FELICES!!

domingo, 5 de febrero de 2012

Ceuta


Como os conté en una de las primeras entradas que escribí mensualmente vamos a Ceuta para comprar algunos suministros que aquí son bastante más caros, o directamente no los hay, y para recoger algunas cosas que desde allí regalan al proyecto y que son de una ayuda inestimable para el devenir del centro de día, del Hogar Padre Lerchundi.
Vista aérea de la ciudad de Ceuta

Normalmente se suelen traer productos de limpieza, algunos productos de alimentación y algún que otro “capricho” que aprovechando el viaje se pueden adquirir allí. Suelen ser cosas que por unos u otros motivos aquí o bien no se encuentran o bien tienen unos precios prohibitivos, sobretodo en el tema de la limpieza y la higiene, productos como el champú, el gel, la lejía o el jabón para lavar los platos tienen unos precios aquí en Tánger que los convierten, casi casi, en productos de superlujo, además de que la calidad de los mismos no es comparable a la de los productos que se adquieren en Ceuta.

Pero el principal motivo del viaje mensual a Ceuta no es otro que recoger el regalo que desde una empresa ceutí hacen al proyecto, mensualmente el Hogar recibe dos sacos de leche en polvo y dos cajas de tabletas de chocolate, el famoso y socorrido en tantísimas ocasiones, Maruja. Es todo un alivio para las cuentas del proyecto pues gracias a ese regalo no es necesario realizar el gasto para poder ofrecer a los chavales del centro diariamente dos vasos de leche, uno en el desayuno y otro en la merienda. La empresa en cuestión no sólo colabora con el proyecto del Hogar Lerchundi, sino que también lo hace con varios proyectos más de los que la Iglesia tiene en Tánger, imagino que los beneficios que les supone la comercialización de sus productos les permite poder tener esa generosidad tan grande con aquellos que más lo necesitan.
Cuantas meriendas y cuantos recuerdos tienen como protagonista al chocolate Maruja.

También se aprovecha el viaje a Ceuta para realizar algunas gestiones que son necesarias hacer en España como por ejemplo en Correos o en el centro de salud o en las entidades bancarias, que en Ceuta todas las entidades financieras importantes tienen sucursal. Es una sensación extraña la de volver a sentirse en suelo patrio sin tener que cruzar el charco, además es una ciudad muy intercultural, pues en sus calles podemos encontrar a gente de diferentes religiones, como en la Toledo medieval en sus calles se pueden encontrar mezquitas, sinagogas e iglesias conviviendo en armonía.

El hecho de ser una ciudad fronteriza le hace ser una ciudad en la que hay muchísimo trasiego de gente, una ciudad en la que diariamente entran y salen cientos de personas que llegan con la única intención de hacer compras para luego revender al otro lado de la valla, es muy peculiar el paso fronterizo de Ceuta, que cruzan diariamente montones de marroquíes, algunos niños incluso lo hacen para ir al colegio, cada día sellan sus pasaportes para poder asistir a los centros educativos españoles para una vez finalizada su jornada regresar a sus casas en Marruecos, una situación especialmente curiosa y llamativa ver a esos niños con sus mochilas a la espalda llegar andando a la frontera para cruzarla.
Esta frontera es cruzada diariamente por cientos de personas que buscan ganarse la vida al otro lado de la valla.

Otro día os contaré más cosas sobre Ceuta, una ciudad que debería ser ejemplo de integración para muchos otros lugares en los que por el empeño de unos y otros no son capaces de convivir las diferentes culturas y religiones.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!

jueves, 2 de febrero de 2012

Compartir II

Para los que hayáis visto la entrada de ayer, hoy me gustaría trasladaros y compartir con vosotros algunas de las sensaciones que el visionado del vídeo provocó en mí en su día, cuando por la recomendación de un amigo el vídeo llegó a mis manos, uno nunca sabe de dónde le van a venir las lecciones más importantes de su vida, ni siquiera se le puede pasar por la cabeza que unos niños puedan enseñarle cuál es la solución más sencilla a los problemas más graves.
Es más fácil encontrar la solución a los problemas cuando uno es niño.

Lo primero que se me ocurrió cuando vi el vídeo fue que qué sencillo sería todo si nunca perdiésemos la inocencia que tenemos cuando somos niños, si siempre actuáramos de la misma manera que lo haríamos si fuésemos unos púberes con la mirada limpia de prejuicios y sin más preocupaciones que solucionar de la manera más sencilla e inmediata posible los problemas que, como sucede en el vídeo, nos surgieran de manera inesperada. Si os fijáis bien los chavales que aparecen en las imágenes actúan de manera rápida, instintiva, sin necesidad de convocar una reunión en la cumbre ni de tener que firmar ningún documento ni ninguna de esas trabas que en el mundo de los adultos hacen que los problemas se dilaten en el tiempo mucho más tiempo del que en principio parece necesario, como dice el principio físico: “acción- reacción”.

Profundizando un poco más en lo que el vídeo nos enseña, me planteaba otra cuestión, quizá algo más material sí, y es que qué fácil resulta compartir cuando uno tiene suficiente, cuando uno entiende que con lo que hay pueden satisfacerse las dos necesidades, qué ocurriría si en vez de un bocadillo entero hubieran puesto medio, ¿tendrían la misma reacción? A veces caemos en el error de pensar que uno sólo debe compartir cuando tiene suficiente para cubrir sus necesidades, y comparte de lo que le sobra, yo valoro mucho eso la verdad, sin embargo considero que tiene más mérito compartir de lo que uno necesita, permitidme acudir al Evangelio de Lucas, concretamente al pasaje de la limosna de la viuda pobre, para poner de manera un poco más gráfica la idea que me gustaría trasladar, y es que cuando uno se quita de lo que necesita para sí mismo para compartirlo con quien más lo necesita el mérito me parece que es mucho mayor, no porque sea mayor la cantidad compartida si no porque es mayor el esfuerzo que supone el hecho de compartir lo necesario y no de lo que me sobra.
Compartir de lo que uno necesita siempre supone un esfuerzo mayor, por tanto tiene más mérito.

Por último, otra de las cosas que me llaman la atención del vídeo, un poco también relacionado con lo que os acabo de comentar, es la facilidad que se tiene de compartir en lo poco, es decir lo poco que cuesta compartir cuando uno tiene poco para ofrecer. Voy a intentar trasladar esta idea a la realidad que veo a diario y que uno puede palpar por las calles y a ver si de esa manera os logro hacer llegar la idea que saqué del vídeo. Aquí en Tánger, concretamente con la gente con la que comparto el día a día, fundamentalmente los niños, recibí una lección hace unos años, concretamente en el mes de julio de 2003, de lo que significa compartir, de lo que es entregar todo lo que tienes para disfrutarlo en compañía de quien estando en una situación similar a la tuya no tiene la suerte de acceder a las mismas cosas. Un niño del centro, que dejó el Hogar un par de años después, llevaba un día que fuimos a la playa un paquete de galletas para comérselo cuando estuviera allí, llegado el momento de disfrutar de su merienda el chaval abrió su paquete de galletas y pasó ofreciendo a todos y cada uno de los niños con los que había ido ese día a la playa, unos veinte o así, y que no habían llevado nada, o que si lo habían llevado no lo habían ofrecido como hacía él en aquel momento. Cuando terminó de ofrecer a todos los niños y a los mayores también, a mí también me ofreció, quedaba en el paquete sólo una galleta, la que él se comió, y creedme aquellas galletas debían saber a gloria porque la cara de satisfacción que se le quedó al niño después de comérsela no he vuelto a vérsela a nadie desde entonces, yo no las probé pero siempre recordaré el gusto dulce de la lección que aquel día recibí de aquel niño, de Mohamed.
Han pasado muchos años pero jamás olvidaré la lección que me dio aquel día.

Así es, así de manera sencilla se encuentran las soluciones a los problemas cuando uno es niño, es una lástima que luego nos hagamos mayores y se pierdan todos esos valores que nos son inherentes en la infancia, que con el paso del tiempo no veamos en nuestros vecinos a unos hermanos a los que ayudar en caso de necesidad, en dejar que se nos endurezca el corazón y actuemos de manera indiferente ante situaciones totalmente injustas y que, de una u otra manera, se podrían solucionar con nuestra intercesión.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!

Compartir

Hoy voy a ser muy breve, además hoy tengo deberes para todos aquellos que leéis el blog asiduamente, me gustaría que vieseis el vídeo que os dejo a continuación y que por unos instantes reflexionarais sobre la lección que se nos intenta transmitir, que intentemos ver a través de los ojos de esos niños lo fácil y sencillas que son las soluciones a muchos de los problemas que actualmente nos agobian y nos impiden poder ser felices, mañana os trasladaré algunas de las cosas que a mí me transmiten esos niños, la lección de vida que he podido sacar de las reacciones de estos niños.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED MUY FELICES!!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Perderse

En ocasiones uno necesita salirse del camino establecido para poder descubrir sitios o sensaciones que en el rutinario día a día le pasan por completo desapercibidas, a veces, como dice una canción, uno se pierde con la necesidad de volver a encontrarse. Hoy he tenido la oportunidad de perderme, de salirme del camino que conozco para por unos momentos descubrir una ruta, un nuevo camino que al final, dando un rodeo, me ha llevado al lugar al que necesitaba llegar.

Como os digo esta tarde he tenido la oportunidad de meterme por un camino que hasta ahora desconocía y que me ha permitido descubrir un sitio del que hasta ahora desconocía su existencia, me he sentido ciertamente perdido pero al final he conseguido llegar a mi destino. Por unos instantes estaba un tanto nervioso porque ciertamente no tenía ni la más mínima idea de donde estaba, he conseguido fiarme de mi sentido de la orientación para seguir el camino que creía que era el correcto, el camino que yo pensaba que me llevaría al lugar al que necesitaba llegar.
Una de las calles por las que he tenido la suerte de perderme esta tarde.

Durante el camino he tenido la oportunidad de meterme por toda suerte de callejas, callejones y rincones tan típicamente tangerinos que me encantaría volver a perderme por ellos, perder la noción del tiempo por esas calles, para en un ejercicio de reflexión interior encontrar el destino al que quiero dirigir mis pasos en la vida, ¿qué curioso verdad? perderse para encontrarse, dejar a un lado lo conocido, lo cotidiano, lo rutinario para descubrir otras cosas que también están ahí, pared con pared de esas cosas que marcan nuestro devenir diario, cosas que salvo en contadas ocasiones no logramos encontrar, cosas que en muchas ocasiones nos reportan una experiencia y una satisfacción que a veces no somos conscientes de la felicidad que podrían llega darnos.

La verdad es que ha sido un placer meterse por esos rincones que acabo de comentaros, una de las calles por las que he pasado era muy parecida a la calle principal del zoco, de hecho era también una calle llena de tiendas, llena de puestecitos en los que se vendía de todo, aunque en este caso no tanto suvenires como los que se venden en la zona del zoco sino cosas más cotidianas, más necesarias para la gente de aquí, para los locales. Era una zona donde se amontonaban toda serie de utensilios para la cocina, ropa, útiles de aseo, zapatos, etc… como digo una zona muy comercial pero completamente ajena al circuito turístico, totalmente apartada de las miradas curiosas de los turistas, un zoco puramente para los locales.
A veces hay que descubrir nuevos caminos para ver rincones como este.

Ha sido una experiencia bonita como digo, ha sido fascinante tener la sensación por un rato de no saber dónde estaba, de intuir a donde se dirigían mis pasos pero no tener la certeza de estar siguiendo el camino correcto, de dejarse llevar por el sentido de la orientación, ese que se supone que lleva a uno al sitio al que cree que debe ir.

Al final he llegado a mi destino en el horario previsto, a veces para llegar a un mismo sitio hay bastantes caminos, es bonito intentar descubrirlos todos, no sabemos por cuál de ellos nos encontraremos con experiencias que nos consigan hacer más felices.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED MUY FELICES!!