viernes, 23 de diciembre de 2011

Cenas navideñas


Hoy tengo mi primera cena navideña de la temporada, quizá con la de mañana y la de Nochevieja sean las únicas de este año, y me gustaría compartir con vosotros lo que para mí representan, lo que siento cuando comparto esta cena y, un poco también, lo que espero hacer, seguramente entre lo que hoy escriba y lo que luego pase habrá un abismo.
Las cenas navideñas son una excusa perfecta para volver a reunir a todos los amigos.

La cena de hoy es con los amigos, nos juntamos después de algún tiempo casi todos los amigos de la infancia, ya todos buenos mozos talluditos de treinta años algunos con planes de boda, otros con problemas de trabajo, otros con experiencias vitales interesantes… pero sobre todo amigos. La verdad es que cada vez que nos juntamos solemos dejar aparcadas las historias que nos persiguen día a día y aprovechamos los reencuentros para recordar batallitas y anécdotas de cuando éramos púberes y empezábamos a descubrir lo que era la vida, algunos sinsabores y muchas risas que nos recuerdan esos días en los que nuestra diversión era comprar pipas y pasear por el parque del pueblo.

La verdad es que estas cenas en las que nos solemos juntar con gente con la que hemos compartido tantas experiencias en la vida siempre acaban siendo un enlazamiento de recuerdos de otros tiempos, que por supuesto casi siempre nos parecen mejores que los actuales, en los que todo parecía más sencillo que ahora, en los que nuestro vocabulario habitual no incluía palabras como hipoteca, boda, dinero… si no que solía incluir palabras más gratas, y quizás más inocentes, como juego, risa, enamoramiento… yo tengo muy buenos recuerdos de aquellos tiempos que pasaron y, como dije en alguna entrada anterior, los anhelo.
A veces no importa tanto lo que haya en la mesa como lo que se comparta en ella.

Espero que esta noche en la cena vuelva a venirme a la boca el sabor añejo del recuerdo pasado, que desde nuestras situaciones actuales, cada uno con su vida y sus proyectos, volvamos a ser como la pandilla de entonces, que volvamos a compartir con la misma alegría que antaño los chistes, las bromas o las situaciones en las que nos veíamos entonces, pero también espero que compartamos un poco de nuestro presente, de este día a día que cada uno llevamos desde nuestra situación, aunque espero que no terminemos hablando de economía, política y trabajo, son cosas poco agradables para amenizar una cena de amigos.

A mí cada vez que nos juntamos los amigos me asaltan los sentimientos de alegría, de nostalgia, de compañerismo, de haber ido casi casi de la mano descubriendo la vida. Nos conocemos desde hace veintidós años y en todo este tiempo nos ha dado tiempo a pasar por diferentes etapas, pero al final siempre seguimos ahí unidos, y como sucede con las grandes amistades no importa la cantidad de tiempo que haga que uno no se ve porque en dos minutos ya está todo el mundo con el mismo ánimo que la última vez que nos juntamos, y es que a los verdaderos amigos no les hace falta contarse todo lo que les ha pasado, yo creo que a un verdadero amigo le preocupa cómo se encuentra el otro en el momento actual, si es feliz o no por el encuentro, lo demás viene después.

Esta cena de navidad va a ser muy especial, es la última en la que todos los que vayamos estaremos solteros, el año que viene quizá tengamos que juntarnos alrededor de una mesa más grande para dejar huecos a carritos de bebés, pero me gustaría que en esta, en la que en un rato voy compartir, tuviéramos la oportunidad de hacer un “balance” de todo lo que hemos pasado juntos, para que en la del año que viene cuando la volvamos a celebrar veamos si nuestra vida ha cambiado mucho o no con respecto a la situación actual, si ya habrá papás, algunos sólo seremos “titos”, si todos tendremos trabajo, si alguno ha decidido cambiar el rumbo de su vida y esas cosas.
Quizá el año que viene necesitemos una mesa más grande.

Espero que la cena nos sirva de excusa para pasar una buena noche y para disfrutar de una buena fiesta en compañía de la gente con la que después de tantos años seguimos queriendo contar y que tengan un papel importante en nuestra vida, los amigos.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED MUY FELICES!!

Lotería


No puedo abstraerme de la noticia con la que hoy nos han saturado en los telediarios españoles este mediodía, la verdad es que es una alegría ver a gente tan feliz y tan contenta en la tele en los tiempos que corren, sí que os digo que me da cierto pesimismo que lo hagan por dinero, pero bueno al final lo importante es que en algún punto de nuestro país hoy hay gente que se irá a la cama un poco más contenta, un poco más cerca de ser felices. Aunque me gustaría hoy hacer una pequeña reflexión sobre la lotería, lo que conlleva el ganar un premio y la fortuna o no que tenemos con ella, a mí este año no me ha tocado nada, tampoco me he gastado nada así que como dice el cómico: “las gallinas que salen por las que van entrando

Para los que hemos mirado hoy la noticia del premio gordo de la lotería de navidad desde nuestro punto de vista de igual de pobres que ayer por la noche a esta hora, estoy convencido que a todos se nos ha pasado algo de envidia por la cabeza, todos hemos hecho nuestros presupuestos mentales con el ficticio saco de dinero que nos habría tocado si en vez del número que ha salido hubiese salido el nuestro, que además da la casualidad de que nunca sale el muy puñetero. A mí personalmente siempre se me plantea la misma pregunta: ¿cambiaría mi vida porque me tocase la lotería? Y siempre llego a la misma conclusión y es que no, a mí me encanta mi vida como es ahora y creo que más dinero no me haría más feliz, quizá me haría despreocuparme de algunos aprietos pero seguiría haciendo lo que hago porque ahí es donde encuentro el tesoro de mi felicidad.
Muchos habrán soñado con que fuese su mano la que sujetase el décimo ganador.

Que a uno le toque esa cantidad de dinero tiene dos partes bien diferenciadas que no siempre nos cuentan por completo, y que a mí me gustaría en este momento que nos parásemos a reflexionar sobre ello. Y es que sólo nos muestran el momento en que uno está eufórico por haber ganado un montón de dinero de manera azarosa pero no nos muestran lo demás. Yo no quiero generalizar pero sí que creo que mucha gente de la que ha conseguido ese dinero al final no ha sido más feliz, y es que cuando uno adquiere más dinero también adquiere una serie de gastos más elevados, lo que antes era un utilitario para ir a trabajar pasa a ser un coche de alta gama para lo mismo, cuando uno antes salía y se tomaba dos cañas y una ración ahora se convierte en cenas en los mejores restaurantes a un montón de dinero por cubierto, pero también hay cosas menos positivas que sin embargo no nos enseñan, y es que por ejemplo hay gente que adquiere ciertos caprichos que están muy por encima de sus posibilidades, además cuando uno se siente poderoso también empieza a sentir cierto miedo y cierto recelo de todo el mundo que a uno le rodea, donde uno antes veía vecinos y amigos ahora puede llegar a ver posibles secuestradores o buitres que vienen a aprovecharse de su suerte y a quitarle su premio. No sé por qué pero hay mucha gente que tal y como aumenta el número de ceros de su cartilla disminuye de manera proporcional el número de amistades, ¿casualidad? a mí me da que no.

Seguramente hoy muchos habrán envidiado la suerte de los agraciados con los premios, sin embargo seguramente ninguno se habrá sentido hoy afortunado de tener el premio gordo de la lotería de la vida, de tener una serie de privilegios, de dones por el simple hecho de haber nacido en la cara buena del mundo. Seguramente hoy nadie habrá sentido que tiene el premio gordo de tener una familia que le quiere y le apoya en la vida, nadie habrá descorchado una botella de champán por tener un techo en el que cobijarse, nadie habrá llorado de alegría al abrir el grifo y que salga agua caliente, nadie se habrá abrazado con su pareja para celebrar que se tienen el uno al otro y que se aman, probablemente nadie haya dado saltos de alegría por tener un trabajo con el que poder mantenerse dignamente y combatir la crisis económica en la que estamos metidos, y ciertamente esas cosas sí que son dignas de celebración, esas cosas sí que merecerían reportajes especiales, pero claro son cosas de perfil bajo, cosas que no dan puntos de share.
Nadie habrá descorchado una botella para celebrar que tiene un techo donde cobijarse.

Yo hoy siento que hace muchos años que me tocó el premio gordo, y es que cuando uno vive en una cultura diferente en la que constantemente ve situaciones de carencias de todo tipo: material, afectiva, cultural… es cuando empieza a ser consciente de lo que tiene, es cuando uno empieza a tener amplitud de miras y a sentirse afortunado, a comprender que la verdadera lotería, el verdadero premio gordo está en el día a día, en el compartir con la familia y amigos, en el tener las necesidades más básicas completamente cubiertas, en definitiva en estar dentro de esos afortunados que cada día al acostarse saben que llegarán al día siguiente.

Por si fuera poco premio lo que os acabo de decir, además puedo decir que tengo la suerte de contar con gente que me hace sentir afortunado cada vez que estoy con ellos, amigos con los que compartir un café o un paseo tranquilo charlando, que me hacen sentir gozoso de contar con el premio incalculable de su amistad y su compañía, con el premio de compartir conmigo un pedacito de sus vidas.
¿Y si ya ha caído y no lo hemos sabido valorar?

En definitiva me gustaría que todos lo que leáis esta entrada os hicierais las preguntas que me hago yo en días como este: ¿Cambiaría mi vida si me tocase “el gordo”? ¿Acaso no soy ya afortunado por disfrutar de todo lo que tengo? ¿Tan vacía está mi vida para llenarla sólo con dinero? Yo tengo claras las respuestas, ¿y vosotros?

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sweet home Don Benito


¡¡Vuele a casa vuelve…!! Pues sí como el anuncio navideño de turrón ya estoy por casa de nuevo tras dos meses de experiencia tangerina. El viaje ha sido emocionante, no porque hayan pasado cosas extraordinarias, pues durante el mismo he ido sintiendo un cúmulo de emociones que en la entrada de hoy me gustaría trasladaros, no al otro lado del Estrecho pues hoy ya estamos todos del mismo, creo, pero sí al otro lado de este blog.
Las maletas aún por medio, todo un clásico navideño.

Para empezar me gustaría comentaros los datos más técnicos del viaje, salimos ayer martes 20 de Tánger en el barco de las 9:00 de la mañana, horario marroquí claro (al final salimos a las 9:45 “baki ma ayi” ) y después de llegar a Tarifa y trasladarnos en bus a Algeciras cogimos un autocar dirección Sevilla a donde llegamos a las 16:00. Después de llegar me entraron las “apreturas”, como dice mi amigo Eloy, y quise venirme hasta Mérida para ya estar en casa ayer por la noche, peeeero la persuasión de mis amigos Eloy y Amparo, básicamente el chantaje emocional puro y duro, hizo que me quedara a pasar la noche en Sevilla y que el resto del trayecto lo haya completado esta mañana saliendo de Sevilla a las 9:30 horas y llegando a Mérida a las 12:30, tras curiosas escalas por la geografía extremeña, donde me estaba esperando emocionada mi señora madre. Por problemas técnicos, imagino, y falta de medios, la cámara lenta y la música emocionante, cuando bajaba del autobús no ha habido ninguna escena de esas de películas, definitivamente sólo pasa en ellas. Tras media horita de coche hacía mi reentré en Don Benito a las 13:04 horas, setenta días después de mi partida, aunque para mí han pasado en un suspiro.

De la estancia en Sevilla me gustaría desde aquí agradecer el trato recibido de mi amiga Amparo, mil gracias por acogerme. Además ayer por la noche, aprovechando la coyuntura, aprovechamos para tapear en la cervecería La Sureña donde pasamos un buen rato en compañía de algunos amigos que viven por Sevilla. Dio tiempo para hablar de muchas cosas, algunas de ellas muy interesantes, para conocer a gente nueva, para reír hasta dolernos la tripa, incluso para convertir seis folletos de “COMPRO ORO-VENDO ORO” en cuatro rosas, un tanque, una rana y dos pajaritas de papel, por eso luego cuando llegué a casa de vuelta no pude trasladaros la primera parte de nuestro viaje.
De estos ayer cayeron unos cuantos.

En cuanto a los sentimientos que me han ido asaltando durante el viaje me gustaría comentaros que han ido de un extremo a otro, y aún ahora mismo cuando os estoy escribiendo esta entrada sigue siendo así. Por un lado me he sentido alegre por volver a casa, el reencuentro con la familia y amigos, por otro triste por lo que uno deja atrás, también me he sentido fascinado por los detalles que hacen que al final dos países tan próximos estén tan alejados en cuanto a sus costumbres, ayer por la tarde le comentaba a Eloy que me sorprendía ver tanto pelo, y es que por lo general en Tánger la mayoría de las mujeres suele utilizar el hiyab.
La alegría de volver a casa es algo supongo que a todo el que ha pasado cierto tiempo fuera de casa y retorna le hace sentir un cosquilleo en el estómago, hasta cierto punto es una sensación de inseguridad sobre lo que uno se encontrará en el retorno, si todo seguirá como uno lo dejó o si habrá cosas que sean diferentes, no sólo a las cosas materiales sino, creo que esto es lo que realmente nos da miedo, a las cosas sentimentales, cómo será uno recibido o cómo se sentirá al volver a la rutina de aquí.

La tristeza creo que es algo inevitable, y es que poco a poco lo que he vivido en Tánger estos meses ha ido ocupando un hueco muy grande en el corazón, de hecho creo que me he dejado allí una parte muy importante del mismo. No puedo olvidarme hoy de la gente a la que estos dos últimos meses he visto a diario, sinceramente conforme avanzaba el barco ayer seguía intentando distinguir las siluetas de los edificios de Tánger para encontrar la silueta de nuestra casa, de nuestro Hogar, me daba la impresión de que hasta que pudiera seguir distinguiéndola en la lejanía y entre la bruma matutina no me habría ido del todo, que aún podía escuchar las voces de los niños formando la fila para desayunar o jugando a la goma en el patio.
Mientras pudiera seguir distinguiendo la silueta de nuestro Hogar parecía que no me había ido.

Una vez que cruzamos el Estrecho y empezamos a notar los pequeños cambios, esos pequeños detalles que nos alejan tanto culturalmente a unos de otros. No son cosas que uno valore como importantes, pero sí que son sustanciales cuando menos. Como decía antes el tema del pelo es algo muy curioso, hoy me preguntaba una amiga de mi madre si las marroquíes eran o no guapas y la verdad es que no puedo dar una respuesta porque las mujeres marroquíes, y por lo general las musulmanas, son una incógnita, son distintas con y sin pañuelo, y no sólo a nivel de atractivo físico también a nivel de liberación personal. Otra de las cosas que a uno le llama poderosamente la atención es el tema de la venta y consumo de alcohol, en los bares en los que se puede consumir alcohol en Tánger por lo general suelen ser antros un tanto oscuros y protegidos por biombos y celosías de las miradas curiosas de los marroquíes, mientras que aquí ayer podíamos ver perfectamente a todo el que pasaba por la calle y con la mayor tranquilidad del mundo seguir tomándonos nuestra cerveza, sin temor a que nadie nos suelte algún exabrupto.

Pues así a grandes rasgos ha sido esta vuelta al hogar dulce hogar, Sweet home Don Benito, en homenaje a la canción de Lynyrd Skynyrd, ahora toca disfrutar unos días del calor y del reencuentro con amigos y familiares, pero siempre con muchas caras y nombres en el recuerdo, hoy ha vuelto a ser miércoles, y yo lo he echado mucho de menos.

Un fuerte abrazo para todos, ¡¡SED MUY FELICES!!  y para a todos aquellos que no son creyentes y que lo vayan a celebrar ¡¡FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO!!

lunes, 19 de diciembre de 2011

Maletas

La entrada de hoy será bastante breve pues un cúmulo de circunstancias ajenas a mi voluntad hacen que hoy no disponga de una conexión propia para navegar por internet, de hecho ahora mismo os escribo desde un espacio que nos ceden gentilmente nuestros vecinos del centro Effetah, del que os hablé hace unos días.

Sí que me gustaría compartir con vosotros una de las tareas que tengo por delante esta tarde-noche, que no es otra que hacer las maletas para volver a pasar unos días a casa, a Don Benito, sí sí todos los que estéis recordando el anuncio de la conocida marca de turrón acertáis. Es un trabajo bastante tedioso si os soy sincero y es que las mudanzas por lo general no me van mucho. 
La mía va llena de lo vivido hasta ahora en esta experiencia.

Espero que no me lleve mucho tiempo hacerla, también os digo que no tengo pensado llevarme absolutamente nada, y es que, aunque físicamente no lo parezcan, vuelvo a casa con ellas repletas de felicidad, de alegría, de paz, en definitiva llenas de todas esas cosas que estoy teniendo la suerte de experimentar aquí en Tánger. Sé que a lo mejor debería llevar regalitos a la gente, pero creo que el mejor regalo que les puedo llevar es mi testimonio, el hacerles partícipes en persona de todo lo que estoy viviendo aquí, alguna cosilla caerá seguro, a ver si me da tiempo para salir y comprar algunas cosillas ahora.
Mañana seré yo quien haga la foto.

Mañana si tengo conexión y puedo os comentaré cómo ha ido el viaje, esta vez sí que vuelvo a casa de verdad no como hace un mes, y estos días intentaré seguir estando cada día por aquí para mantener este relato diario de los pensamientos y experiencias que por la cabeza de quien os escribe van pasando.

Un abrazo muy fuerte para todos y ¡¡ SED FELICES !! 

domingo, 18 de diciembre de 2011

Amar


Llevaba un tiempo queriendo hacer una entrada como esta en la que trasladar, a quien pueda interesarle, mi manera de entender el amor, de entender las relaciones sentimentales, de cómo debe ser una relación entre adultos que se quieren, y que, desde mi perspectiva, veo que cada vez son más complicadas y más enrevesadas, en las que no siempre el amor es el pegamento que une a las personas y sobre el que se basan los pilares que fortalecen una relación.

En primer lugar creo que habría que dejar más o menos definido lo que para mí es el amor, pues supongo que cada uno tenemos una definición diferente de una misma palabra, para mí el amor es un sentimiento que una persona tiene hacia otra y que tiene como características imprescindibles la fidelidad, la entrega, la confianza, el cariño, el diálogo sincero y, por encima de todo, el respeto, entendido tanto por el respeto por el otro como por el respeto a uno mismo.
Amar es compartir un proyecto de futuro respetando las diferencias entre los miembros de la pareja.
Definido el punto de partida sobre el que desarrollar el resto de la entrada, me gustaría comenzar desglosando lo que para mí supone cada rasgo imprescindible del amor. La fidelidad, creo que todo el mundo la entenderá como lo que es, supone el no traicionar a la otra persona, tener siempre claro que a quien amamos y no romper ese lazo nunca, pues una vez que se rompe es imposible de recuperar. La entrega para mí conlleva el compartir con la otra persona nuestras preocupaciones, alegrías, penas, y también el estar siempre dispuesto para lo que nuestra pareja pueda necesitar de nosotros. La confianza es un elemento clave, pues es la llave de que una pareja tenga éxito o no, para que el amor llegue a ser pleno o no, y es que la confianza supone no tener nada que esconder al otro, poder ser como uno es sin miedo a nada, poder decir lo que uno sienta sin miedo a represalias, en definitiva, ser amado y amar sin esconder nada. El cariño es la parte más palpable del amor, supone la demostración más gráfica de lo que supone amar a una persona, yo entiendo el cariño como la afectividad con la pareja, la puesta en escena del amor a través de un beso o una caricia. El diálogo sincero creo que es uno de los pilares en los que debe asentarse una relación, sentimental o no, y es que la sinceridad es fundamental para el éxito de las relaciones, uno debe ser sincero con su pareja y exigir sinceridad a partes iguales, es el camino que nos lleva a forjar la confianza y la fidelidad.
Si falta alguno de los rasgos del amor, no hay amor.
El punto del respeto quiero analizarlo de una manera más profunda, pues creo que es la característica más importante del amor, ya que tiene un punto de unión con respecto a todas las demás características. El respeto, desde mi manera de entender el amor, debe estar dirigido de igual manera hacia la persona con la que compartimos una relación y hacia nosotros mismos, de hecho creo que la mayoría de las relaciones sentimentales fracasan por este punto. Y es que amar a una persona no debe suponer dejar de amarnos a nosotros mismos, y no estoy siendo egoísta en esta afirmación, pues si nosotros mismos no nos respetamos, no nos queremos y nos ponemos en valor frente a nuestra pareja, difícilmente podemos exigirle a esa otra persona que lo haga por nosotros. A veces caemos en el error de esperar que nuestra pareja nos haga sentir queridos, nos haga sentir importantes, cuando nosotros mismo no nos lo creemos. No sé si me estoy explicando bien pero a lo que quiero referirme es a que antes de que los demás nos quieran, antes de que nuestra pareja nos quiera, debemos querernos nosotros, debemos respetarnos nosotros a nosotros mismos y no permitir que, escondido bajo apariencia de amor, nos falten al respeto.

Dentro del respeto, mutuo y personal, incluiría la libertad, la posibilidad de actuar libremente dentro de una relación, pues aunque no lo parezca en muchas situaciones, las personas que comparten el amor son libres para poder hacer lo que quieran dentro de una relación, respetando siempre a la otra persona. Muchas veces confundimos las relaciones amorosas con la esclavitud amorosa, seguro que muchos conocéis a gente que ha dejado de hacer cosas que les gustaría hacer porque a su pareja no le gusta, creo sinceramente que quien te ame no debe ponerte nunca trabas a tu desarrollo emocional, personal o psicológico.
Amar es cosa de dos, respetar al otro y respetarnos a nosotros mismos es la base.
Y es que los límites del amor deberían estar en el constante balance de lo que siento hacia la otra persona y lo que siento hacia mí, y tengo la impresión de que muchas personas no son consecuentes con el resultado de este balance, hay gente que a pesar de no estar de acuerdo con el resultado de su balance emocional sigue adelante con las relaciones sin darse cuenta del problema que eso les puede acarrear. Probablemente no son conscientes de que el hecho de compartir su vida con alguien que limita su libertad les lleva a sentirse mal, les genera mal humor y pesimismo, incluso le hace caer en el agotamiento psicológico y llegados al extremo a caer en depresiones. Los motivos por los que esta gente continúa adelante los desconozco, pero seguramente no andarán muy lejos del miedo a quedarse solo, de la comodidad de la rutina, del aferrarse a que todo puede cambiar e ir a mejor, llegando a engañarse a uno mismo.

Personalmente yo he vivido y pasado por estas situaciones que hoy os planteo, también os digo que es más fácil hablar de ellas desde la distancia que desde el centro de una relación, y siempre he tenido una cosa clara, quizá se deba a mi historia personal, si no hay amor no puede seguirse adelante, si uno no ama a la otra persona, si no está enamorado de su pareja, si sólo siente cariño, debe de ser valiente y afrontar la situación, siempre incómoda, y tomar las decisiones oportunas para cumplir con el respeto a la pareja y a uno mismo.
A veces nosotros mismo nos rompemos el corazón.

En definitiva el amor no debe ser nunca una sumisión sin límites a nuestra pareja, debe ser un estado de compromiso, respeto, diálogo, confianza y entrega, compartir un proyecto de futuro con la pareja respetando las diferencias que pueda haber y dejando actuar libremente a cada uno dentro de la relación respetando, por encima de todo, la dignidad de las personas porque pisotear a tu pareja no es quererla, y dejarte pisotear por ella tampoco.

Un fuerte abrazo a todos y ¡¡SED FELICES!!

Stork


Hoy voy a ser bastante breve, y es que después de una semana de trabajo y en vísperas del merecido día de descanso, esta tarde-noche nos hemos juntado unos amigos y hemos estado haciendo algo muy muy normal en España pero algo un poco más “difícil” aquí en Marruecos, tomarnos una cerveza después de salir del trabajo.

Claro el hecho de que el consumo de alcohol esté mal visto, es una prohibición moral no una prohibición absoluta, hace que la cosa sea un poco más complicada que en España, donde en cada calle hay por lo menos un bar, cuando no hay una calle entera llena sólo de bares. Pero aún así hemos estado en un par de sitios disfrutando de una cerveza y compartiendo un poco de nuestra vida, fuera del trabajo, de las preocupaciones del día a día, un buen rato de charla distendida donde compartir anécdotas, risas y salir un poco de la rutina semanal.

Aunque no os lo creáis, o incluso os pueda resultar paradójico, la protagonista de la entrada de hoy es también marroquí, y es que la prohibición del consumo no conlleva la prohibición de la producción, y tengo que decir en su defecto que en comparación con sus “rivales” extranjeras la verdad es que sale perdiendo, pero para mí esta tarde-noche no había otra mejor, nos ha servido como excusa perfecta para romper con la monotonía de salir del trabajo y venir a casa.
100% marroquí, paradojas de la vida.

Como digo no os voy a aburrir más hoy, además a lo mejor alguno está saturado de tanta entrada diaria y tanta información, simplemente no quería dejar pasar la oportunidad de que a pesar de la dificultad, no se vende en todos los sitios y el precio suele ser bastante caro, aquí también hacemos, cuando podemos, un rato de cervezas y charla para romper con el binomio trabajo-casa.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Pasa la vida


“Los musulmanes se sientan en la puerta de sus casas a esperar ver pasar el cadáver de su enemigo”, esta frase se la he oído montones de veces a mi padre, no sé si es de cosecha propia o si la ha oído en algún sitio, el caso es que creo que tiene mucho de razón esa sentencia tan lapidaria. Hoy me gustaría hablar de una situación muy curiosa del mundo musulmán en general, y de Tánger en particular, la costumbre, me atrevería a decir que es casi deporte nacional, de sentarse a ver la vida pasar, de sin la menor preocupación tomar asiento en alguna terraza de los cientos que hay y ver pasar a la gente, a veces fijando la mirada en alguna circunstancia, otras mirando al infinito o tal vez mirando hacia el recuerdo o el sueño de una vida mejor.

Y es que una de las cosas que más llega a llamar la atención, de quien pasea por las calles y plazas de Tánger, es la cantidad de terrazas que hay puestas durante todo el año, los trescientos sesenta y cinco días, llueva, truene, haga frío o esté cayendo un sol de justicia. Siempre suele haber gente sentada, tomando un té o un café, y, como he dicho antes, viendo pasar la vida. Da igual a la hora que pases pues, como expliqué en su día la gente aquí los horarios los tiene como algo orientativo, siempre hay gente ya sea por la mañana o ya sea a las diez de la noche siempre hay alguien sentado tomando un café o un té, leyendo el periódico o simplemente sentado con las piernas cruzadas y mirando al infinito.
Una de las más concurridas es la del Café París, en la Plaza de Francia.

Un aspecto que resulta chocante para algunos cuando lo vemos es la manera que tienen de sentarse, y es que mientras a nosotros normalmente si vamos a tomar algo con otra persona solemos sentarnos bien en frente o bien al lado pero mirando a la cara de quien está con nosotros, pues aquí la gente se sienta siempre mirando hacia la calle, mirando hacia fuera, hacia la diversión o en el entretenimiento que puede proporcionar ver a la gente pasar para arriba y para abajo, a veces con cierta curiosidad si se tratan de turistas y otras simplemente por cotillear o ver el panorama.

Es cierto que las terrazas suelen estar ocupadas única y exclusivamente por hombres, salvo raras excepciones las mujeres no suelen sentarse en las terrazas, y eso hace que a veces uno pueda llegar a sentirse escudriñado por cientos de miradas anónimas que siguen con especial atención todos tus movimientos, todos tus pasos, tus gestos, incluso lo que uno puede decir, y es que como dije en la entrada de ayer aquí hay mucha gente que a pesar de no hablar el castellano lo entiende perfectamente. No es raro que uno vaya pasando por una terraza y con esta pinta de turistas que uno siempre lleva, por mucho que lo intente uno no puede pasar desapercibido, le saluden con un “¡amigo!” o un “¿cómo estas?”, aunque no te conozcan de nada. También resulta un poco mosqueante, sobre todo imagino que para las mujeres, que mientras uno pasa por delante de una terraza los parroquianos sentados en ella cuchicheen y murmuren a nuestro paso, a veces para comentar algo que les puede resultar gracioso y otras para comentar la belleza o no de lo que ven, creo que esto también suele pasar en algunas discotecas los días de fiesta, si al final no vamos a ser tan distintos.
Es tan raro verlas vacías como ver alguna mujer sentada en ellas.

Yo la verdad es que aún no he probado nunca la experiencia de sentarme en una terraza a ver la vida pasar, ellos se pueden tirar horas y horas, pero creo que si lo hiciera sacaría muchas historias para contaros en este blog, pues seguro que me fijaría en las caras de la gente que pasa y supongo que dejaría volar mi imaginación e intentaría ponerle una vida a cada una de las personas que me llamasen la atención, supongo que tiene que ser un pasatiempo agradable para alguien que tenga la paciencia que tienen los marroquíes, bueno no sé si llamarlo paciencia o llamarlo vivir sin prisas ni preocupaciones.

Una de las cosas que alguna vez he oído a gente que ha venido conmigo aquí de experiencia es  que no entendían como con lo mal que lo pasa la gente aquí pudiera haber gente de brazos cruzados viendo pasar las horas muertas sentados tras una mesa con una café en una de las muchas terrazas que tienen ganado el terreno a las aceras de esta ciudad, y es que para eso hay que ponerse en la piel, bueno más bien en la cabeza, de la gente de aquí, hay que hacer un ejercicio de cambio de mentalidad importante, tan importante que probablemente suponga dar un giro de ciento ochenta grados a la manera de entender la vida que tenemos en occidente, porque aquí todo es más relativo, relativo en cuanto a que las situaciones complicadas y difíciles acaban pasando, “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista” que dicen las abuelas, y no hay que darle mayor importancia, aquí está bastante arraigada la mentalidad del “ya vendrán tiempos mejores” y de no hacer nada por precipitar esos cambios que hagan que la situación vaya a mejor, hay mucha gente que más que anhelar mejores oportunidades intentan aprovechar al máximo las que tienen, buenas o malas.
Libres de preocupaciones se sientan a ver la vida pasar.

Como ejemplo para ilustrar esto que acabo de deciros hace unos años conocimos a unos chavales que después de estar formándose durante varios años en la escuela de carpintería, que hay en el Centro, les ofrecieron una subvención a fondo perdido para que montaran su propio taller: compraran maquinaria, alquilaran un local, comprasen los materiales…¿oportunidad inmejorable no? Pues los chavales declinaron el ofrecimiento, prefirieron no coger la subvención para montar su propio negocio y se fueron a vender con sus familias al zoco lo que les iba surgiendo, si un día había fruta pues fruta, si había pañuelos pues pañuelos, y es que esa es la mentalidad de mucha gente de aquí, y quizá en ello resida el problema de por qué no cambian las cosas.

En resumen que al final, como tantas y tantas veces, tiene razón mi padre cuando comenta esa frase, aquí todo el mundo se sienta a esperar ver pasar la oportunidad que les haga cambiar de vida, mejorar, tener una situación más favorable, mientras tanto abarrotan las terrazas de los cafés tangerinos y se entretienen, a lo mejor como lo haría yo, viendo pasar a la gente camino de su destino.
A la espera de su oportunidad ven pasar a la gente camino de su destino.

Un fuerte abrazo para todos y ¡¡SED FELICES!!