martes, 30 de julio de 2013

Dejarse llevar



Superado el ajetreo inicial a la llegada a la ciudad, superada la primera barrera de “agentes turísticos” que atosigan al bajar del autobús para llevarte a sus maravillosos establecimientos, al adentrarte por el enmarañado nudo de callejones de la medina de Essaouira uno puede perderse con una facilidad pasmosa, pero en esos casos siempre aparecerá un guía improvisado que te acompañará hasta el lugar que tú estés buscando, siempre a cambio de la propina de rigor, en nuestro caso no fue distinto y uno de esos gentiles acompañantes nos llevó hasta la puerta de nuestro alojamiento.

Como contaba el otro día después de la llegada del desierto no había nada previsto y quedaba todo a la improvisación y al dejarse llevar por las situaciones y por los lugares que visitásemos, por lo que no sabíamos cuánto tiempo nos quedaríamos en la ciudad. Una vez refrescados e instalados, decidimos salir a conocer la ciudad y a dejarnos invadir por el encanto de esta ciudad de la costa atlántica marroquí.

Pasear al atardecer por la playa fue nuestra primera parada.

Nada más salir a la calle, el bullir de gente denotaba que algo muy importante estaba pasando en la ciudad, el Festival Gnaoua y de Músicas del mundo atrae a la ciudad anualmente a miles de personas que atraídas por el ambiente y el ritmo de la música hacen de la ciudad un lugar de encuentro para gente venida de muchos puntos de África que comparten una manera de entender la vida.

Y es que esos días, no sé si debido al festival o si debido a la manera de ser en sí de la gente de Essaouira, el ambiente no tenía nada que ver con el del resto de lugares de Marruecos que yo había conocido hasta el momento. Un tono desenfadado, alegre, abierto, festivo… lo impregnaba todo y mostraba una cara más amable que la de otros lugares que había visitado.

Las calles de la ciudad estaban atestadas de gente de toda procedencia, turistas de todo el mundo coincidían allí esos días, a propósito o por casualidad, con los participantes del evento, dando un colorido sin igual  a las calles de la vieja ciudad pesquera. Los puestos de artesanía se sucedían a lo largo de las principales calles de la medina confundiéndose con los puestos a los que a diario acuden los habitantes de la ciudad a abastecerse de lo necesario para vivir. Cualquier esquina o cualquier rincón en los callejones se convertía de repente en un concierto improvisado en el que los músicos deleitaban a los espectadores con los ritmos de la percusión y la danza que dan ese carácter casi trascendental a la música gnaoua.

Detalle de la Skala
No obstante la primera tarde, tal vez saturados del viaje y de la locura de la salida de Marrakech, decidimos salir un poco del bullicio festivalero y dejarnos llevar por la tranquilidad de la playa. Y es que es una auténtica gozada dar un paseo por la playa al caer la tarde y deleitarse contemplando la puesta de sol caminando con los pies por el agua, de fondo a lo lejos sonaban ya los primeros conciertos del festival, pero en aquel momento la tranquilidad y la calma que ofrecía el paseo por la playa era justo lo que necesitaba para saborear y paladear todos los instantes que habían ocurrido durante nuestro periplo y quedarse hipnotizados con las vistas de la playa, en la que por causa del fuerte viento que suele soplar y las corrientes marinas hacen que si bien sea un lugar de referencia para los amantes del surf, en todas sus modalidades, esté terminantemente prohibido bañarse, aunque si uno decide arriesgarse nadie vaya a impedírselo.

Vista de la Isla de Mogador y del puerto.
De regreso del paseo, decidimos dejarnos llevar por el ambiente y asistir a uno de los conciertos que estaban programados en una de las plazas de la ciudad. Es bastante curioso, para un neófito como yo, acercarse al mundo gnaoua pues, como ya he comentado, es una música repetitiva basada fundamentalmente en la percusión: tambores, castañuelas, timbales… en la que tanto los que tocan los instrumentos como los que danzan al son del ritmo marcado lo hacen hasta casi entrar en trance, ciertamente es un ritmo repetitivo pero que va en aumento. Originariamente era una música de esclavos que de esa manera entraban en contacto con la religión y que se cree que a través de esa forma de manifestación religiosa podían curar y sanar. Estéticamente el concepto gnaoua está asociado al colorido de las vestimentas de quienes lo practican, llama mucho la atención también los collares y detalles decorativos que llevan, hechos fundamentalmente con conchas. La experiencia fue ciertamente sorprendente por la intensidad con la que, tanto artistas y público, viven cada canción de las que interpretan en los conciertos.

Las vistas desde la terraza, lo mejor del desayuno.
A la mañana siguiente, después de un desayuno con unas vistas inmejorables de la playa de Essaouira, decidimos salir a conocer mejor la costa y, si la ocasión lo permitía, darnos un refrescante baño en las aguas del Atlántico. Y así fue tras recorrer toda la playa de la ciudad, declinando en varias ocasiones las ofertas para aprender a surfear, llegamos hasta un recodo junto a una roca donde el agua hacía una especie de remanso y no había riesgo de ser engullido por la corriente. Al llegar al lugar, bastante retirado de la ciudad justo en frente de la isla en la que viven los famosos halcones de Eleonora, un amable señor nos preguntó si queríamos algún tipo de ayuda para conseguir entrar en trance, tal y como habíamos visto entrar en trance a los músicos la noche antes, nos quedamos un poco sorprendidos y declinamos la oferta, en otros lugares de Marruecos nos habían hecho ofertas similares pero aquella era cuando menos inesperada, por el momento del día, media mañana, y por el lugar, un recodo en una piedra en mitad de la nada en una playa.

Isla de Mogador vista desde "la roca de los porros".
Pasado un rato de baño y relax, en el que a pesar de la calma del agua el viento soplaba con fuerza y hacía las delicias de los que practicaban surf a lo lejos, volvimos sobre nuestros pasos para regresar a la ciudad y seguir conociendo los rincones que ofrecía, al pasar por el lugar en el que nuestro inesperado “gurú” nos había asaltado comprobamos que ya eran varios los que en ese momento habían decidido entrar en contacto con el mundo de lo místico, y gracias a la ayuda prestada, previo importe imagino, por el señor estaban ya viviendo una experiencia extrasensorial, en ese momento decidí poner nombre al paraje que acabábamos de visitar: La roca de los porros.

La muralla de la ciudad, escenario de la serie Game of thrones.
A la vuelta a la ciudad decidimos perdernos por todos los rincones que ofrece la ciudad, desde el mellah hasta la Skala, famosa por su aparición en la serie Game of thrones, siguiendo el contorno marcado por las murallas, en perfecto estado de conservación. Por cada calle que pasábamos, encontrábamos algún elemento del festival que impregnaba esos días el ambiente con el colorido y el toque festivo que daban a Essaouira, ese toque tan atractivo.

Al final lo que iba a ser una parada rápida y continuar se convirtió en dos días completos para dejarse llevar, entrar en trance por qué no, por el ritmo y el ambiente de la ciudad, dos días para conocer un lugar peculiar y digno de ser visitado, aunque durante todo el año imagino que también, pero sobretodo en los días en los que los gnaouitas toman la ciudad.

Un abrazo fuerte a todos y, al ritmo de la música gnaoua, SED FELICES!!!!

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